Dios siempre nos escucha


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Muchas veces elevamos nuestra mirada al cielo para pedir al Dios todo poderoso que nos ayude, que intervenga o que cambie una situación en particular. Muchas veces también nos hemos quedado en una larga espera al ver que nada ha sucedido y que pese a nuestras oraciones las cosas siguen igual y a veces peor.

Se nos ha dicho: “si pedimos, se nos dará”, “al que llame, se la abrirá”, “el que busca, encontrará” y entonces nos preguntamos ¿qué ha sucedido con mi ruego, con mi solicitud, con mi urgente solución?, ¿por qué no se nos ha atendido?
Cuando parece que Dios no nos ha escuchado, cuando parece que Dios está tan ocupado con otras cosas más urgentes, cuando parece que a él no le importa lo que nos ocurre, cuando parece que a él no le importa nuestro bien, cuando parece que nos ha tirado una trampa para ver como salimos de allí, cuando parece que se ha ido de su oficina y ya no es hora de atención, entonces, podemos meditar en algunas cosas importantes.

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Si sabemos que Dios es solo amor, que él sabe lo que necesitamos desde antes que se lo pidamos, si él está dispuesto a ayudarnos en todo y si desea nuestro bien y nuestra felicidad, ¿por qué entonces no ha pasado nada con nuestra petición?
Es muy lógico llegar a las siguientes preguntas: ¿es él el que está fallando? ¿O soy yo el que no está entendiendo mucho? La respuesta es evidente y contundente. Dios no puede estar fallando. Es tan claro, algo está sucediendo con nosotros y con nuestra petición.

Muchas veces pedimos lo que luego rechazamos. Cuando hemos pedido encontrar un trabajo, y ha pasado mucho tiempo sin encontrarlo, podemos revisar qué es lo que podemos estar haciendo para no aceptar que llegue. El universo entero está dispuesto a darte el trabajo que necesitas. Dios quiere que tengas todo lo material necesario para que puedas tener la oportunidad de dedicarte a la expansión de tu conciencia. Sin embargo, tú no debes estar tan de acuerdo, porque cuando nuestra voluntad se une a la del Padre, las cosas fluyen y se materializan casi al instante, superando cualquier inconveniente que a los ojos de una persona común puede resultar ser un milagro. ¿Qué haces entonces para rechazar ese trabajo que has solicitado?. Es muy probable que en tu interior mas profundo no te sientas merecedor de tener un trabajo y además bien pagado. Es posible que te sientas inferior a otra personas, menos capas, inseguro de que lo harás bien, miedoso a los nuevos retos, temeroso de las personas que estarán contigo o cualquier otra razón que exista en forma inconsciente dentro de ti. Las oportunidades de encontrar un trabajo abundan, también las oportunidades de crear y prosperar en un emprendimiento personal. Sin embargo tus creencias limitantes a cerca de ti mismo no se alinean con lo que realmente eres y entonces rechazas la posibilidad de recibir la manifestación de tu solitud.

Cuando una persona busca un trabajo tranquilo, seguro, feliz y confiado, sabiendo que ese trabajo es un regalo divino y sabiendo que el Padre lo acompaña y está de acuerdo en que le corresponde por derecho divino, es muy probable que lo encuentre rápidamente. Cuando una persona busca un trabajo lleno de dudas, angustia y miedo, es posible que demore mucho más y existen más probabilidades de que sea mal pagado.
Lo mismo ocurre cuando pedimos sanarnos de una enfermedad. La enfermedad es producto de alguna idea limitante desde nosotros mismos y hacia nosotros mismos, una idea que no corresponde a lo que somos. Pedimos a Dios sanar nuestra enfermedad, y sin embargo, no estamos dispuestos a cambiar la pobre y limitante opinión que tenemos de nosotros mismos y nos negamos a reconocer que tenemos toda responsabilidad para mejorar la percepción que tenemos de nosotros. La diabetes se origina cuando nos hemos dejado invadir por una inmensa tristeza, una tristeza que no nos corresponde, porque la o las situaciones que nos hicieron sufrir no tienen el poder de hacernos sufrir. Las experiencias dolorosas de nuestra vida pueden ser superadas con comprensión, entendimiento y sabiduría. Si renunciamos al poder de salir ilesos de situaciones complicadas, nos vamos a enfermar. Dios no ha dispuesto que suframos por ninguna situación o persona, él dice que podemos soltar todo sufrimiento. Si hacemos eso, la diabetes desaparecerá por arte de magia, llenándonos de la felicidad que nos pertenece y sanando nuestra enfermedad. En esas circunstancias, nuestra petición en concebida.

Algunas veces pedimos lo que no es posible. Muchas veces pedimos que algún ser querido no se vaya de nuestra vida, ya sea por una enfermedad o por que se aleja geográficamente, sin considerar que su partida ya está decidida y que es lo mejor que puede sucederle a esa persona y a la humanidad. Nuestra grandeza estará en aceptar que eso suceda sin apego y respetando el libre albedrio de quien está partiendo. Lo mismo ocurrirá cuando nos toque partir a nosotros, los demás podrán desear que nos quedemos, pero eso no va a poder ser posible porque ya ha llegado la hora del viaje inevitable. Es posible pedir que la persona cambie de opinión, que se dé un tiempo más, pedir un aplazamiento de la partida para resolver alguna cosa pendiente o para tener la oportunidad de entregar algo valioso, pero no podemos impedir la partida, si ya esta determinada por la persona que se va.

El padre Dios nos da todo, todo, todo y está dispuesto a darnos mucho más de lo que pedimos. Somos nosotros los que rechazamos sus regalos mas preciados porque tenemos ideas extrañas a cerca de nosotros mismos, ideas que no concuerdan con lo que realmente somos, ideas que nos limitan y no nos dejan brillar con nuestra propia luz.
Cuando nos parezca que Dios no nos escucha, pongamos atención a lo que estamos tratando de no recibir, no es Dios el que está fallando, somos nosotros los que estamos rechazando nuestra solicitud.

enviado por Maria Cristina Descalzo al grupo Luzplena-Cristalindigos

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Crea la Paz dentro de tí, y la Paz llegará a tí, te rodeará y pacificará tu mundo. Crea la Luz dentro de tí y la Luz te envolverá y envolverá tu mundo. Se feliz y la felicidad te acompañará a ti y a quienes contactes”
Marianela Garcet

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