LA FELICIDAD


La felicidad es una decisión. Mucha gente vive la vida como si algún día fuera a llegar la «felicidad», como si la felicidad fuera una parada de autobús. Imagina que un día todo va a encajar en su sitio y entonces dirán: «Al fin he llegado, ¡he aquí la felicidad!». Por eso estas personas se pasan la vida esperando: «Sólo podré ser feliz cuando ocurra esto o aquello».
Todos tenemos que tomar una decisión. ¿Estamos dispuestos a recordar cada día que existe un tiempo límite para aprovechar al máximo lo que tenemos, o dejaremos escapar el presente con la esperanza de un mejor futuro?. El mundo no es «perfecto». El grado de nuestra felicidad es la distancia entre lo que realmente son las cosas y lo que «deberían» ser. Si dejamos de exigir que las cosas sean perfectas, nos resultará más lograr ser felices. Después podremos luchar por un determinado orden de cosas y decidir, si es que ese orden por el que luchamos no se establece, que seremos felices de todas maneras.
Todos pasamos por etapas en que la vida nos parece extremadamente difícil. En circunstancias así nos preguntamos si lograremos sobrevivir otra semana. ¡El hecho es que, de una forma u otra, generalmente lo logramos! Puede ocurrir que perdamos la perspectiva e imaginemos que las cosas son más sombrías de lo que realmente son. Podemos pensar que el futuro es un campo minado de problemas y dudamos que alguien pueda lidiar con lo que nosotros enfrentamos. Con demasiada frecuencia exageramos las cosas fuera de toda proporción. En la mayoría de los casos lo peor que puede pasar es, sin duda, muy grave, pero no es el fin del mundo.
Si miramos retrospectivamente, por lo general podemos aprender de las épocas difíciles. Lo complicado es ser lo bastante equilibrados y conscientes como para aprender mientras sufrimos. La gente feliz tiende a considerar las épocas difíciles como valiosas experiencias. Mantienen la frente en alto, no dejan de sonreír, saben que las cosas habrán de mejorar y que cuando salgan de la prueba por la que están pasando serán mejores seres humanos.
Quizá la mejor manera de sentirnos en paz interiormente es hacer algo por otra persona. La autoconmiseración y preocupación excesiva derivan del hecho de estar absortos en nosotros mismos. En cuanto empiezas a hacer felices a otros, ya sea que les mandes flores, les arregles el jardín o les dediques tu tiempo, ¡te sientes mejor! Es automático, simple y hermoso.
Los desastres son menos desastres si lidiamos sólo con un problema a la vez. Mientras más pronto nos demos cuenta de la ganancia que puede derivarse de dicha experiencia, más fácilmente podemos enfrentarla.
La risa es la mejor medicina. Cuando ríes, ocurren toda clase de maravillas que benefician tu mente y tu cuerpo. La risa alivia el dolor. Sólo cuando estás relajado puedes reír y mientras más relajado estás, menor dolor sientes. Con frecuencia nos enfermamos porque vemos la vida y a nosotros mismos de una manera demasiado tétrica. Lo que necesitamos es reír y de esta manera nos conservamos saludables.
El arte de ser feliz implica poder reírse de los problemas en cuanto estos surgen. Todos sufrimos reveses. La gente feliz no tarda mucho en ver el lado gracioso de sus desilusiones.
Podemos aprender de los niños mucho acerca de la risa. Los niños felices se ríen casi de cualquier cosa. Parecen saber de manera instintiva que el reír los mantiene equilibrados y sanos. Nacen con una sed insaciable de alegría y diversión. Es una lástima que al llegar a la edad adulta su actitud sea reemplazada por otra cuyo lema es que la vida es todo seriedad. Los adultos insisten tanto en señalarles a los niños cuando no deben reír que les hacen perder gran parte de su espontaneidad.
Una de nuestras mayores responsabilidades para con los demás es estar alegres! Cuando estamos contentos, nos sentimos mejor, trabajamos mejor y los demás desean estar junto a nosotros. La vida no es tan fúnebre. Lo que debemos desarrollar con toda la seriedad del mundo es el sentido del humor.

Andrew Matthews

En mi vida he atravesado por momentos terribles, entre los cuales algunos realmente habían ocurrido.

Mark Twain

La mayoría de la gente es tan feliz como ha decidido serlo.

Abraham Lincoln

Tú tienes el pincel y las pinturas. Pinta el paraíso y entra en él.

Nikos Kazantzakis

Aquél hombre me llamó por teléfono al consultorio y me dijo:

-Este es el fin. Estoy acabado. Se me terminó todo mi dinero. Lo he perdido todo.

-¿Aún puedes ver? le pregunté.

-Sí, aún puedo ver respondió el hombre.

-¿Aún puedes caminar? seguí preguntando.

-Sí, aún puedo caminar contestó el hombre.

-Evidentemente aún puedes oír agregué. Porque de otro modo no me habrías llamado por teléfono.

-Sí, aún puedo oír.

-Es claro que aún conservas todo le dije. ¡Lo único que perdiste fue tu dinero!

Dr. Robert Schuller

La manera fúnebre que tenía de vivir la vida fue lo que provocó la enfermedad que sufrí, por lo tanto pensé que podría revertir las cosas por medio de la risa. Dicha terapia consistió en ver películas de los Hermanos Marx y el programa de cámara escondida hasta que los síntomas y el dolor desaparecieron.

Norman Cousins

Aquella entrañable señora había crecido en un hogar con unos padres verdaderamente cariñosos, quienes siempre le habían enseñado a ella y a sus hermanos lo importante que era expresar y sentir amor por todo el mundo, sin tener en cuenta el comportamiento de la gente.

Cuando falleció su madre, los hermanos se reunieron para repartirse los bienes de sus padres. Esta señora estaba casada con un rico industrial y no le hacía falta nada. De hecho, lo único que quería de la casa de sus padres era una placa que, durante toda su niñez, había estado colgada encima de la chimenea de la sala de estar. Sus padres siempre señalaban a la placa cuando surgía algún problema con otra persona, por lo que la sentencia que contenía le había servido de guía durante toda la vida. Decía así:

«Sólo tenemos una vida efímera Sólo lo que se hace con amor perdura».

Brian Tracy

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