Vivir el AHORA


Lo único que tienes ahora es el presente. ¿Qué tanta es tu paz mental? ¿Qué tanta tu efectividad personal? Ambas dependen de qué tan capaz seas de vivir en el presente. Independientemente de lo que haya ocurrido ayer y de lo que pueda pasar mañana, el ahora es el punto en el que te encuentras. Conforme a esta perspectiva la clave de la satisfacción y la felicidad es fijar tu mente en el presente.
Una de las características maravillosas de los niños pequeños es que el presente los absorbe totalmente. Consiguen involucrarse por completo en lo que hacen. Al llegar a la edad adulta, muchos aprendemos el arte de angustiarnos por una multitud de cosas. Permitimos que los problemas del pasado y las preocupaciones del futuro se agolpen en el presente, lo cual nos torna ineficientes e infelices. También aprendemos a posponer los placeres y la alegría, haciéndonos a la idea muchas veces de que algún día en el futuro todo marchará mucho mejor que ahora.
Lo que se necesita para ser feliz es involucrarse en el presente. Hay que decidirse a ser feliz a lo largo del camino, no nada más al llegar al destino. Nadie puede saber a ciencia cierta si habrá para él un mañana. No contamos más que con el presente.
Vivir el ahora quiere decir disfrutar todo lo que se hace, por el hecho mismo de hacerlo, y no por el resultado final. Vivir el ahora es expandir nuestra conciencia para hacer más placentero el momento presente, en lugar de evadirnos. Todos tenemos la prerrogativa, segundo a segundo, de vivir y absorber plenamente las cosas, permitir que éstas incidan en nosotros y nos afecten.
Cuando vivimos en el presente, erradicamos de nuestra mente el miedo. En esencia, el miedo es la preocupación por los eventos que pudieran ocurrir en el futuro. Dicha preocupación puede llegar a paralizarnos al punto de no permitirnos hacer nada constructivo.
Sólo puedes estar expuesto al miedo intenso cuando te encuentras inactivo. Tan pronto como haces algo, el miedo cede. Vivir el ahora es actuar sin ningún temor a las consecuencias. Es hacer el esfuerzo por el esfuerzo mismo, sin angustiarte por recibir una recompensa. No se puede sustituir algo con nada. Si estás preocupado no es fácil poner la mente en blanco y tener tranquilidad. La mejor manera de renovar tu estado mental es actuando, involucrándote, participando, ¡haz algo! Lo que sea.
El tiempo no existe en realidad, salvo como un concepto abstracto en nuestras mentes. El tiempo presente es el único con el que cuentas. ¡Aprovecha el momento! Nuestra tendencia puede ser torturarnos mentalmente, pensando en lo que podría pasar, sin embargo, si nos concentramos en el presente, que es lo único con que contamos, ¡resulta que no hay mayor problema! Tienes que vivir el ahora.
Vive la vida en el presente, y no pierdas el sueño por las cosas que vendrán. Si piensas que debes conseguir tal cosa a fin de sentirte feliz y realizado, probablemente las circunstancias se combinarán para que ocurra lo contrario. Aprovecha la vida en todo momento. Vive el presente. Mientras esperas que algo ocurra, realiza otras actividades. El hecho de asumir este tipo de iniciativas denota que no te preocupa el resultado final. «Desprenderse» de la situación acelera los resultados.
Perdonarte tú mismo o perdonar a otro es haber decidido vivir el momento presente. Si nos rehusamos a perdonar a otro, nuestra actitud es que en vez de solucionar las cosas, preferimos vivir en el pasado y echarle la culpa a otro o a nosotros mismos, significa permanecer en una espiral de culpabilidad, y someternos a un poco más de angustia mental.
Hay quienes tienen ideas equivocadas del perdón. Cuando nos rehusamos a perdonar, nosotros sufrimos. ¡Muchas veces el «culpable» ni siquiera sabe qué estamos pensando! Él sigue feliz de la vida mientras nosotros nos sometemos a una interminable tortura mental. La falta de perdón es una de las principales causas de enfermedad, porque una mente infeliz engendra un cuerpo infeliz.
Si culpamos y responsabilizamos a otras personas de nuestra infelicidad, rehusamos admitir nuestra propia responsabilidad. Echarles la culpa a otros nunca le ha servido de nada a nadie. En cuanto dejamos de echarles la culpa a los demás, estamos en posición de hacer algo por mejorar las cosas. Culpar a otros es una excusa para no asumir la realidad; una excusa para no actuar. El verdadero perdón es olvidarse completamente del hecho.
Echarles la culpa a los demás no nos lleva a ningún lado. Lo pasado, pasado. Aferrarnos al ayer no cambia nada. Cuando optamos por perdonar, un maravilloso principio entra en acción. Al sufrir nosotros una transformación, los demás también cambian. Al modificar nuestra actitud hacia los demás, ellos a su vez empiezan a cambiar su conducta. Por alguna razón, en el instante en que optamos por modificar nuestra forma de ver las cosas, los demás responden a nuestro cambio de expectativas.
Si perdonar a los demás es difícil, perdonarse uno mismo lo es más. Muchas personas se pasan la vida castigándose mental y físicamente por lo que consideran deficiencias personales. Todo este sufrimiento probablemente se origina en un sistema de creencias tales como que han hecho muchas cosas negativas, que son culpables, que no merecen estar sanos y felices. ¡Te sorprendería saber cuántos enfermos no creen que merezcan estar sanos y felices!.
Despójate de la culpa; no es fácil. Conservar la salud mental cuesta mucho trabajo, pero el esfuerzo vale la pena. Culpar y sentirse culpable son actitudes igualmente peligrosas y destructivas. Echarle la culpa al destino, a los demás, o a nosotros mismos, es evadir el meollo del asunto, que consiste en tomar medidas para resolver el problema. Es nuestra opción salir adelante en la vida y vivir el presente, o encadenarnos a rencores y amarguras del pasado.
No es lo que sucede en nuestras vidas lo que determina nuestra felicidad sino cómo reaccionamos ante lo que sucede. La misma situación para uno es alegría y para el otro pena. Ser feliz no siempre es fácil; puede ser uno de nuestros más grandes retos y, en ocasiones exige de nosotros toda la determinación, disciplina y tenacidad de que somos capaces. Tener madurez quiere decir ser responsables de nuestra propia felicidad y optar por concentrarnos más en lo que tenemos que en nuestras carencias.
Necesariamente estamos al mundo de nuestra felicidad, porque podemos elegir nuestros pensamientos. Nosotros engendramos nuestros propios pensamientos. Para ser felices tenemos que concentrarnos en pensamientos agradables, positivos. Ser feliz puede representar gran esfuerzo; para ser feliz tienes que encontrar el lado positivo de las cosas. Tú decides qué es lo que quieres ver, y qué es lo que quieres pensar.
Si somos infelices se debe a que la vida no es como quisiéramos; la vida no cumple nuestras expectativas y por ellos somos infelices. Por lo general, creemos que seremos felices cuando se presenten ciertas circunstancias que deseamos. Pero ocurre que la vida no es perfecta. Así como nos brinda satisfacciones y alegrías, también nos depara frustraciones y fracasos.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s